Demanda Colectiva Maíz

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El maíz, raíz biocultural del país, nos llama a la acción colectiva

Por Catherine Marielle
Grupo de Estudios Ambientales GEA AC

La defensa del maíz surge en el corazón de la larga resistencia de los pueblos originarios y campesinos arraigados a sus modos de producción y de vida, en contra —o fuera- de cualquier lógica dominante, desde el desprecio colonial hasta el comercio del sistema capitalista depredador globalizado.

En las últimas décadas del siglo XX aprendimos a caminar conjuntamente, valorando las ciencias campesinas comunitarias que sostienen esta resistencia, con el maíz al centro. El maíz, como creación humana a partir del largo proceso de domesticación de sus parientes silvestres (el teocintle, maíz de los dioses), es producto de una sabia combinación entre lo biológico-ecosistémico y lo sociocultural.

Asombra su capacidad adaptativa a entornos ecológicos, climas, altitudes y suelos de inconmensurable variedad. El maíz en milpa es asociación solidaria y apoyo mutuo entre gran diversidad de plantas, guiadas y auspiciadas por cientos de generaciones de mujeres y hombres que han sabido intercambiar libre y generosamente sus semillas, prácticas y saberes hasta la actualidad. Nos muestra el camino… Es parte esencial de la vida comunitaria que gira en torno a los ciclos del agua, tierra, siembra y cosecha. El maíz en milpa es el sustento sagrado y pilar de la comunalidad. Al comprender eso podemos adentrarnos en el significado del maíz desde el México profundo, como la raíz viva del país, su corazón generoso.

Por ello siempre requiere un abordaje transdisciplinario e intercultural. Su historia milenaria es la memoria de los pueblos originarios y su aportación al mundo, al igual que su vida actual lo es para todo el pueblo de México, tanto para quienes lo producen como para todas las personas que lo comemos, la gran Colectividad del Maíz.

Cuando iniciamos el camino de la Acción Colectiva para defender el maíz contra la invasión transgénica, en octubre de 2012, conocíamos la esencia multidimensional de esta planta originaria de las tierras mesoamericanas.

El reto de demostrar la importancia de esta riqueza biocultural y social en nuestra Demanda Colectiva Maíz (DCM) ha sido muy grande, haciendo resonancia con décadas de luchas sociales, comunitarias, científicas, artísticas… En el seno de la Campaña Nacional Sin Maíz no hay país, desde 2007, habíamos emprendido investigación-acción, movilizaciones y acciones jurídico-políticas, que implicaron gran dedicación para ejercer nuestros derechos de acceso a la información, a la participación en espacios de decisiones políticas y, finalmente, de acceso a la justicia, junto con abogadas comprometidas.

Ninguna vía había surtido efecto hasta 2012, cuando ya estaba en puerta la siembra comercial de maíces transgénicos y entró en vigor la ley sobre Acciones Colectivas. Algunas personas y organizaciones tenaces decidimos intentar esta nueva figura jurídica. En octubre de ese año, convocamos a un taller, del cual surgiría la DCM.

Fueron meses de trabajo en un atinado proceso de construcción consensuada con el abogado René Sánchez Galindo, quien aceptó el desafío y fue nuestro representante legal durante el primer lustro de la demanda contra el gobierno federal por permitir la siembra de maíz transgénico en el centro mundial de origen y diversificación permanente del maíz y contra las corporaciones biotecnológicas que buscaban imponerlo.

El 5 de julio de 2013 la DCM firmada por medio centenar de personas y respaldada por una veintena de organizaciones fue presentada en el juzgado federal. Logró atraer la atención del poder judicial, pues no sólo fue aceptada, sino que el 17 de septiembre de ese año, un juez federal dictó la medida cautelar de suspensión de cualquier siembra de maíz transgénico en todo el país mientras durara el juicio, reconociendo así la necesidad de aplicar el Principio de Precaución y evitar daños irreparables para las generaciones presentes y futuras.

Esta medida, muy combatida por las corporaciones, fue ratificada en 2021 por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Además, la Corte dictaminó la constitucionalidad (impugnada por una de las transnacionales) de toda medida cautelar dictada por los jueces para proteger derechos colectivos demandados, lo cual amplió nuestro sueño colectivo.

El maíz en su invaluable diversidad biocultural nos llama a la acción como sociedad. El maíz en milpa es una realidad vital y tenaz, un tesoro de semillas, prácticas y saberes ancestrales en constante recreación, capaz de adaptarse a los entornos y climas cambiantes. Va más allá de cada parcela, pues sustenta la resistencia de los pueblos originarios y comunidades campesinas e indígenas, nutriendo a millones de personas cada vez más conscientes de su valor intrínseco.

Es un ser vivo que va de la mano de quienes lo heredan, cuidan y cultivan. Nos llama a actuar en la defensa que implica los bienes comunes, el agua, las semillas libres, la tierra, la comida sana, la libertad y autodeterminación, los territorios, las culturas, la vida; y en consecuencia, nos llama a defender a sus guardianas y guardianes ancestrales y a quienes defienden la Naturaleza en contra de todas las violencias. Muchas acciones colectivas quedan por emprender…

Esta es parte de la historia, del trasfondo de un sueño colectivo compartido como integrantes de la Demanda Colectiva del Maíz, claro, cada quien lo expresa con sus propias palabras, desde cada faceta del caleidoscopio milpero humano, en el que hemos sabido respetar las diversidades en constantes diálogos y rotaciones del equipo jurídico y las diversas comisiones, lo cual es también un gran desafío, digno de celebrarse.
Nuestro sueño colectivo, por supuesto, abarca la convicción de que ganaremos este juicio emblemático emprendido hace 12 años cuando asentamos un logro sin precedentes a nivel mundial, prefigurado con el Premio Pax Natura otorgado a la DCM en 2023.

Porque nos asiste la historia, la razón —de la ciencia campesina y de la ciencia independiente, comprometida con la sociedad y el ambiente-, y el corazón de la Gente de Maíz, eso mismo que ha de guiar el criterio y la ética de los jueces, para por fin acceder a la justicia anhelada en el proceso de nuestra Demanda y otras exigencias.

Si queremos escuchar su llamado, el maíz en milpa es también una metáfora, un ejemplo inspirador, para aprender a co-construir otros modos de organización social, desde la diversidad sociocultural y ambiental, tan urgentes e imprescindibles ante el (des)orden mundial actual, depredador del sustento de la humanidad: nuestra Madre Tierra.

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